Emociones que pueden dar al traste con tu carrera de abogado y cómo evitarlo

Pueden porque creen que pueden, decía Virgilio. 

Lo que ERES, debe estar respaldado por lo que CREES que eres.

Un abogado brillante puede ser aquel que

  • Tiene un extenso conocimiento de la ciencia jurídica
  •  Sabe tratar a la perfección a sus clientes
  •  Maneja con maestría las artes procesales.
  • Tiene una marca personal definida y en coherencia con la marca empresarial.

Sin embargo estas cualidades pueden verse anuladas ante la falta de confianza en uno mismo. Esta falta de confianza a menudo tiene su origen en un estado emocional de

  • miedo
  • frustración
  • agotamiento
  • baja autoestima
  • falta de empatía
  • baja asertividad.

Este estado emocional puede surgir tanto al comienzo de la carrera profesional como tras 20 o 30 años de ejercicio.

Estas emociones no son baladí, puesto que en no pocas ocasiones terminan dando al traste con una exitosa carrera profesional si no se gestionan a tiempo. La buena noticia es que son perfectamente reversibles, es más, el abogado sale reforzado tras superar esta situación.

Hemos de decir que las emociones no son en sí mismas negativas. Todas las emociones son necesarias. Todas ellas cumplen una función. Es más, la inhibición de las emociones, es un problema en sí mismo. Es propia de individuos implosivos y deriva en somatizaciones diversas.  

De esta forma las emociones no son buenas o malas sino útiles e inútiles. Son útiles si sirven para mi propósito. Por ejemplo, la tristeza puede ser inútil si estoy pasando una tarde de ocio, pero es útil y necesaria si estoy en un proceso de duelo.

Hablamos así de alta inteligencia emocional cuando una persona reconoce en qué emoción está e interviene en ella según le sea operativa en cada momento.

Hablamos por el contrario de baja inteligencia emocional cuando las emociones nos controlan y no podemos actuar sobre ellas. Normalmente acabamos arrepintiéndonos a los pocos segundos de haber actuado de tal manera. 

Advertimos por tanto la complejidad del dominio de la inteligencia emocional, porque las emociones son poderosísimas. Nos influyen hasta tal punto que nos hacen tener éxito o fracasar estrepitósamente. Como decíamos al comienzo: Creen porque creen que pueden.

Es fácil por tanto caer en las redes de una emoción inoperante. Pero si esto ocurre de manera puntual, no tiene mayor trascendencia. A todos nos pueden traicionar nuestras emociones en un momento determinado.

Podemos sentir por ejemplo miedo aunque éste no sea contraproducente y no podamos evitarlo. A veces resulta inevitable. Sin embargo cuando estas emociones improductivas comienzan a dejar de ser puntuales y pasan a ocupar gran parte de nuestro espacio vital, entonces hay que intervenir.

Es cuando dicha emoción comienza a mutar a un estado emocional.

¿Cuál es la diferencia entre emoción y estado emocional?

Una emoción es una alteración bioquímica del organismo. Sin embargo si yo doto a esa emoción de permanencia en el tiempo y le otorgo un significado, la convierto en estado emocional.

Si yo convierto el miedo puntual a la entrada de un juicio en miedo sistemático a la sala de la vista, estoy adquiriendo un estado emocional.

En este punto hablamos de creencias.

¿Qué tengo que estar pensando para sentir ese miedo en el momento del juicio?

Cuando una creencia se instala en nosotros, hay que trabajar desmontándola por partes, sin atacarla de frente, pues no sería efectivo.

Las emociones improductivas que más acusan los abogados son 

  1. Miedo y nerviosismo ante la idea de enfrentarse en la sala o en el despacho a un compañero más incisivo o en mejor situación procesal que él.
  2. Agotamiento ante la multitarea que va desde gestiones administrativas, hasta consultas en el correo sobre la tramitación judicial del procedimiento, llamadas de clientes solicitando documentación, redacción de escritos y asistencia al juzgado.
  3. Frustración ante la dificultad de conciliar la vida personal y profesional por las jornadas interminables, incomprensión del juez y soledad.
  4. Baja autoestima a la hora de liderar ante el cliente el proceso y tomar las decisiones jurídicas cómo qué camino seguir y no jurídicas cómo fijar los honorarios y cobrarlos.
  5. Exceso o defecto de empatía y asertividad con los socios a la hora de determinar la línea de funcionamiento del bufete y decir no cuándo es necesario.

Algunas estrategias para neutralizar estas emociones improductivas

1. Miedo y nerviosismo: Subir mis capacidades y bajar la magnitud del reto.

El miedo es la emoción más poderosa del ser humano. Nos advierte de que un peligro amenaza nuestra seguridad. Esta emoción, como todas, es operativa si cumple una función. Nos pone en marcha para ponernos seguros.

El miedo se define como la brecha entre la magnitud del reto que tengo delante y mis facultades para hacerle frente. A mayor brecha, mayor sensación de miedo. La forma por tanto de hacer que desaparezca es alinear ambos parámetros.

En el primer caso, la magnitud del reto, trabajaremos en la preparación del juicio (objetivo) y en las creencias (subjetivas) que tengo sobre el juez, el abogado contrario y mi cliente.

En el segundo caso, mis facultades para hacerle frente, profundizaremos en mi autoconcepto. Proporcionando herramientas de empoderamiento si es necesario.

2. Agotamiento: Adquirir sensación de control del tiempo y de tareas.

Es necesario trabajar con herramientas de gestión del tiempo. El sentimiento de no poder con todo merma la autoestima y, a contrario sensu, el orden da confianza en uno mismo.

En primer lugar un listado de las tareas de toda índole que hay que ejecutar empezando por hoy. Dividir las tareas por sectores o tipos de actividad.

Tomar consciencia de aquellas que son de derecho sustantivo como elaboración de demandas, y aquellas que no, como tareas de gestión, llamadas y correos.

Poner el foco en las tareas de estricta defensa jurídica y otorgar un tiempo cerrado para cada una. Hay que luchar contra el perfeccionismo paralizante, que en ocasiones es uno de los mayores ladrones de tiempo.

3. Frustración: Determinar con cifras.

En este punto hay que personalizar al máximo y trabajar con los valores individuales de cada uno. Los sentimientos de frustración a menudo actúan como saboteadores pues no buscan una solución real, sino aniquilar la autoestima haciendo sentirte una mala persona.

Para luchar contra ésta creencia hay que utilizar nuestra parte más racional y poner una cifra para determinar el tiempo que quieres tener libre y actuar en consecuencia. Cuantificar para identificar qué es conciliar para ti.

En muchas ocasiones, basta tener claro este punto y aplicar las herramientas de gestión del tiempo que hemos visto en el segundo punto. En otros casos, es necesario plantearse un cambio más sustancial en el modelo de negocio.

4. Baja autoestima: Trabajar mi autoridad.

El abogado ostenta la dirección jurídica del asunto. Esta dirección no puede realizarse si no viene acompañada de autoridad; La autoridad bien entendida como responsabilidad en la realización de un servicio vocacional. Es uno mismo quien decide qué autoridad tiene y cómo desea ser tratado.

En ocasiones una baja autoestima puede dar lugar a inseguridad ante qué camino estratégico tomar, y el miedo a equivocarse. Hay que trabajar aceptando que nadie está exento de cometer errores, es más, los errores son inherentes a las personas y a través de ellos crecemos. También resulta necesario comprender que hay circunstancias que no dependen de nosotros. Debemos poner el foco en lo que sí depende de nosotros como la preparación del asunto y olvidar aquello que escapa de nuestro control y que nos resta competencias.

5. Exceso o defecto de empatía y asertividad: Aprender técnicas de inteligencia emocional.

La empatía en breves palabras consiste en ponerse en los zapatos del otro. Abundando en ésta definición, podemos añadir que es hacer que el otro se sienta escuchado, acogido y reconfortado.

La asertividad es la facultad de decir NO. El arte de decir lo que quiero decir y que no es lo que el otro quiere escuchar, con delicadeza, bondad y consideración  pero con firmeza y claridad en el mensaje.

Los abogados pueden sufrirlas en exceso y por defecto. En ambos casos producen emociones invalidantes y resultados que no son operativos.

La falta de empatía y el poco tacto al decir NO, dan lugar a individuos con pocas facultades sociales y tendencia a comportamientos que pueden ser catalogados por los demás de soberbios o despóticos, lo cual es muy negativo, especialmente si gestiona un equipo. Son letales para la propia marca personal y generación de cartera.

El exceso de empatía, poner siempre a los demás por delante de nuestros intereses, nos lleva progresivamente a un deterioro del autoconcepto que puede desencadenar en alteraciones del estado de ánimo como depresión y pérdida de los propios valores. La falta de asertividad conlleva el decir siempre que sí, perdiendo las riendas de nuestra propia vida y como resultado terminan por mermar nuestras relaciones familiares y personales.

Patricia Tudó

Patricia Tudó

Patricia Tudó es abogada con 15 años de experiencia como directiva en varias firmas de abogacía. Estudió Psicología en la Universidad Oberta de Catalunya. Máster en Coaching, Inteligencia Emocional y Programación Neurolingüística por la Universidad San Pablo CEU (1500 horas). Master en práctica jurídica (800 h). Mediadora por la Universidad Rey Juan Carlos. Coach certificada por la Asociación Española de Coaching (ASESCO). Miembro de la asociación de Interim Management (AIME). Consultora en RRHH. CEO de Instituto de Coaching Jurídico y Empresa. Dirige un equipo multidisciplinar de profesionales de la abogacía, psicología, ingeniería y economía. Cuentan con 10.000 horas de coaching ejecutivo a directivos y consultoría a sus equipos.

Servicios de coaching jurídico:

1. Al profesional del derecho: Sesiones de coaching ejecutivo para aumentar la productividad personal, profesional, la gestión emocional y las habilidades del abogado.

2. Al despacho, con programas de consultoría sobre neuromarketing, liderazgo, gestión, recursos humanos, mindfulness, legal agile.

3. A sus clientes en la gestión emocional del proceso, en la estrategia procesal y la preparación de la vista.